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Convertir para sobrevivir

Fenómeno conversivo

Cuando existe una emoción tan intensa que conmociona, nos resulta imposible de procesar (miedo paralizante, rabia incontenible, tristeza profunda), por lo que nuestro sistema psíquico de protección las transforma en una situación que si podamos sobrellevar; una actitud, comportamiento, enfermedad física, etc. Porque finalmente, un dolor del cuerpo es  más fácil de tratar que un dolor del alma. Este mecanismo se activa automáticamente, es inconsciente, es un mecanismo de supervivencia.

Del mismo modo, no importa cuánto tratemos de reprimir u ocultar una emoción, no va a desaparecer, como dijo Lavoisier: "Nada se crea ni se destruye, solo se transforma". Si no expresamos nuestras emociones, se acumulan y eventualmente se expresan de otra forma, a través de un fenómeno conversivo.

Cuando no pudimos reaccionar y expresar lo que queríamos en su momento, solemos expresar esas emociones reprimidas de diversas formas, muchas veces no saludablemente, se transforman en ira, que se expresa mediante maltratos contra nuestra familia, colegas, o cada conductor de bus en nuestro camino a casa. Otras veces se transforman en letargo, una especie de depresión sutil, en la que no tenemos ganas de hacer nada y todo nos aburre o irrita. Finalmente está una conversión de psíquico a físico, y eso implica un dolor, una enfermedad, un malestar, que será de intensidad y duración directamente proporcional a la emoción reprimida.

Pero es verdad, no voy a andar expresando todo lo que siento por ahí, no puedo andar insultando a mi jefe, llorando en la calle cuando me gritan algo ofensivo, diciéndole a mi madre que me sofoca, a mi padre que me hace falta, a mi pareja que aún me molesta eso que hizo hace 3 meses. No puedo golpear a mi hermano, besar a mi colega casada, decirle a mis hijos que no tolero su ruido. Son expresiones socialmente inadmisibles y que finalmente no son TODO lo que siento, porque sí respeto a mis colegas, sí amo a mi madre a pesar de sus actitudes, sí entiendo a mi padre poco expresivo, sí amo a mi pareja sin importar esa tontería, sí respeto a mi hermano a pesar de lo que me hizo, sí amo a mis hijos a pesar del ruido que hacen. Es decir, como adulto sé que esa emoción es momentánea, fruto de esa situación específica, por eso elijo no reaccionar, y eso es un comportamiento socialmente aceptado y correcto. Sin embargo, si esa emoción es intensa o es repetitiva, y se sigue reprimiendo, va a terminar convirtiéndose en algo más. Las emociones son energía y no desaparecen, solo se transforman.

Podemos tolerar muchas situaciones, el nivel de tolerancia depende de cada persona, pero todos tenemos un límite. Irremediablemente esa “jarra emocional” se va a llenar, gota a gota, con cada situación, generando finalmente que rebase, entonces mediante la conversión, se manifestará.

Es fundamental que cada uno encuentre el mecanismo que funciona mejor para liberar esas emociones de manera saludable, a través de un hobby, un deporte, una actividad recreativa, se libera energía, y eso colabora en buena medida a mantener un equilibrio, pero hay hechos específicos y significativos, que necesitamos trabajar de manera especial, porque la emoción contenida es mucho más grande. Se utiliza por ejemplo, escribir o hablar frente a un espejo, expresar lo ocurrido libera la emoción reprimida si lo permitimos. Actos psicomágicos, técnicas de PNL, terapia psíquica, y muchas otras herramientas se adecúan a cada persona. Lo importante es encontrar el mecanismo de descarga de energía que sea el mejor para ti.

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