Me conecto, luego existo.

Vivimos en una época tecnológica; de smartphones, redes sociales, selfies y “likes”. Existen muchísimas aplicaciones para hacernos la vida más fácil; nos dicen el clima, cómo está el tráfico, donde está el cajero automático más cercano, qué restaurantes de comida vietnamita encuentro en mi ciudad, y un largo etcétera. Además “nos conecta con el mundo”; puedo hablar por skype con familia que tengo en Finlandia e intercambiar opiniones de la situación siria con un inglés a través de un foro ¡Qué maravillosa época para vivir!

Excepto que toda esta tecnología nos tiene enfocados en el exterior, en los demás, prestando atención a lo que voy a publicar para mostrar al mundo o qué están haciendo todos mis contactos e inevitablemente “midiéndolo” con mi propia vida. Se convierte en una especie de competencia, en el que inconscientemente me valido por la cantidad de “Me gusta” que tiene mi registro en el lugar de moda, o cuántos comentarios tiene mi nueva foto, o que tan linda se ve mi vida en mi perfil. Como si al editar algo que no me agrada de mi “muro” de facebook, hiciera que mágicamente desaparezca de mi vida, como si esa foto riendo con mi amiga en el bar reemplazara lo mal que me sentí ese día al ver a mi ex con una nueva chica. Una vez más enfocándonos en el exterior, en qué van a ver los demás de mi. La verdadera pregunta es: ¿Qué veo yo en mi vida? ¿Qué pienso yo de mí? Lo que pasa es que al estar tan concentrados en el exterior, no nos queda tiempo para mirar hacia adentro.

Sé que podrán decir que no es su caso, que es una exageración y no están tan pendientes de las redes sociales. Que en realidad sólo la utilizan para estar en contacto con sus amigos, sólo entran a internet a ver información útil, etc. Pues bien, si ese es el caso, propongo un reto. Intenten no utilizar redes sociales, ni tv, ni aparatos electrónicos por 24 horas. ¿Suena sencillo? Es posible que muchos lo logren, otros no durarán 2 horas, pero he aquí el truco: presta atención a cuántas veces te encontraste tentado a ver el facebook, o subir una foto, ver un video en youtube o jugar en la tablet (¿2, 5, 10, 50 veces?). Y vayamos aún más allá, veamos cómo te sientes durante ese día. Puedo apostar que hay momentos en los que no sabes que hacer, incluso momentos de angustia. Es que ya olvidamos como funcionar sin estas extensiones.

¿Han notado que cada vez que estamos solos, en casa o en la calle, recurrimos instintivamente a revisar el celular? Todo el tiempo viendo el mundo a través de un aparato resulta ser la excusa perfecta para no pensar, para no analizar, definitivamente es más fácil ver lo que pasa en “el mundo” a través de una ventana virtual, que mirar hacia adentro y reflexionar sobre qué pasa con nosotros mismos.

El nivel de estrés de la “vida moderna” hace que cada vez más personas se refugien en las redes sociales, juegos de video en aparatos electrónicos, o programas de televisión para “relajarse”, pues parece ser que la solución al problema solo lo empeora. Nuestro ritmo circadiano se ve dramáticamente afectado por los aparatos electrónicos, generando trastornos del sueño  y como consecuencia, al no descansar bien, mayor estrés.

El sistema nervioso controla el ritmo de sueño y vigilia a través de una sustancia llamada melatonina, esta se segrega de noche permitiendo el descanso, y se produce cuando la retina del ojo percibe oscuridad. ¿Qué pasa si esa oscuridad nunca llega? Si son las 11 de la noche pero tengo el televisor prendido y el Smartphone frente a mí, mis ojos continúan captando luz y no segregan la cantidad de melatonina que necesito, y no me da sueño, y me quedo hasta la 1am, cuando finalmente el cansancio vence y me quedo dormido, despertando por la mañana igual de cansado.

He visto a adolescentes (y adultos) aburrirse muchísimo cuando están en el campo o en algún lugar sin cobertura celular o sin wifi. Lo que pasa es que ya no saben cómo funcionar sin esas “muletas”, interactuar con otras personas y aún más allá, no saben qué hacer cuando están solos. ¿Cómo es que algo tan natural como la interacción humana se ha olvidado? ¿Nos hemos desconectado tanto de nosotros mismos que no sabemos qué hacer cuando estamos solos?

Tenemos que ser honestos y aceptar que esta tecnología que nos hace la vida “más fácil”, en realidad nos está cambiando, nos acerca más al mundo pero nos aleja de nosotros mismos. Es momento de utilizar la tecnología de manera más responsable, de manera que sea una herramienta opcional, no indispensable. Es momento de mirar hacia adentro, reflexionar, sentir, vivir de verdad.


Es momento de vivir nuestra vida versión “unplugged” (“desenchufada”).

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