Tengo el control.

¡No me digas como vivir mi vida!

¿Cuántas veces hemos dicho (o tenido ganas de decir) esa frase?

¡Es mi vida! Y yo tomo ¡mis decisiones! Y no tengo que darle explicaciones ¡a nadie!.

Uno se siente empoderado con esas palabras, y esa emoción es muy buena e importantísima. Somos los únicos responsables de nuestra vida, de nuestras emociones, de nuestras decisiones y por tanto de las consecuencias de nuestros actos. Tenemos el control de nuestra vida. Sin embargo, es fundamental ser coherente con esta afirmación.

Entonces, ¿por qué culpamos a los demás de lo que nos ocurre?

Mi jefe/colega tiene la culpa de la recarga laboral, mi ex enamorado es el culpable de que terminara la relación, mi mamá tiene la culpa de que nos llevemos mal, etc.

Si estamos culpando a otras personas por las circunstancias “que nos hicieron vivir”, no estamos siendo coherentes con lo que afirmamos. No tenemos el control de nuestra vida mientras no manejemos nuestras emociones en relación a lo que nos ocurre.

El hecho es innegable, es lo que ocurrió, pero la interpretación de lo que ocurrió es enteramente nuestra. Lo que sentimos respecto a lo que nos ocurrió depende de nosotros. Claro que es en gran parte inconsciente, es una respuesta automática, pero lo que nos corresponde hacer luego es analizar ¿Por qué me afectó tanto esta situación? ¿Qué hay detrás de este rechazo tan grande a esa persona/situación? ¿Qué siento realmente detrás de esta rabia/pena automática?.

Solo respondiendo estas preguntas llegamos a conocernos realmente, y entender  la razón que impulsa nuestras emociones, y solo así podemos manejarlas y estar en real control de nuestra vida.

No existen formulas mágicas ni héroes salvadores, somos nosotros mismos los que debemos asumir la verdadera responsabilidad sobre nuestra vida, nadie puede decirnos como vivirla.

Te acompañamos a encontrar tu camino hacia la salud emocional,  resolviendo los conflictos que no te dejan tomar el control de tu propia vida.