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Apuntes de Psicosomática Clínica

Tal vez podríamos definir la angustia como un vacío que se siente por dentro, que no nos deja estar tranquilos, que solo se alivia de alguna forma al mantenernos ocupados, tengo que hacer algo ¡lo que sea! ver tv, perderme en redes sociales, ver una película, comer, beber o frecuentemente salir, TENGO que salir, estar con gente, hablar, hablar mucho, sobre todo y todos, pero sin profundizar. Reir, gastar bromas, incluso burlarme de mi mismo. Necesito planear muchas cosas, tener la agenda llena, con muchas actividades se me olvida al menos por momentos que siento ese vacío, esa angustia.

Porque cuando no tengo nada que hacer, cuando estoy solo, vuelve esa sensación de no saber qué hacer, sé que quiero algo pero no sé qué es, me falta algo. A veces siento que es una persona a mi lado lo que me hace falta, a veces pienso que no tengo todo lo que quisiera tener, que el trabajo no me llena, siempre hay algo diferente pues no importa cuántas cosas consiga, ese vacío vuelve, esa angustia regresa y otra vez tengo que huir, que llenarme de planes para ignorarlo.



¿Cómo se produce biológicamente esa angustia?

El sistema nervioso autónomo, se divide en simpático y parasimpático, el primero es el de alerta, actúa ante el peligro, y el segundo es el de reposo, que complementa el sistema. Entonces ante un peligro, de manera automática e inconsciente se activa el sistema simpático como mecanismo de supervivencia, puede ser necesario que luchemos, que huyamos o que simplemente nos quedemos paralizados (equivalente a “hacerse el muerto” en los animales).

Esta reacción es perfectamente normal cuando enfrentamos un peligro específico, si nos persigue un perro agresivo, probablemente correremos como nunca antes, si nos ofende alguien en una discusión, talvez respondamos con un golpe, y si nos asaltan, es posible que nos quedemos paralizados de miedo. No elegimos realmente cómo reaccionar, nuestro primer impulso ante el peligro es inconsciente, y está basado en nuestras emociones, nuestras creencias, personalidad, etc.

Pero no todos los peligros que vivimos son tan “reales”, o mejor dicho, tan objetivables, también están los que creamos en nuestro subconsciente, miedos que no sabemos conscientemente que tenemos, hacia una persona, hacia una situación, y como no las vemos de manera concreta,no se pueden expresar, y se quedan dando vueltas en nuestra mente,sin que nos percatemos, y solo se hacen notar con esa sensación de angustia, que no es otra que la alerta de un peligro del que no hemos tomado consciencia.

Existe una sensación de limitación, impotencia, miedo, mucho miedo, incapacidad para afrontar algo, por eso el sistema simpático está permanentemente en alerta para tomar el control de esta situación peligrosa, el único problema es que esa situación es abstracta, y no la vemos tan fácilmente como a un perro rabioso.



              La ansiedad no es una enfermedad que tenemos que tratar,

                        es solo un síntoma del verdadero problema,

                        del conflicto que no ha salido a la superficie.





La imaginación puede ser nuestro mejor aliado, cuando nos permite crear escenarios donde podemos afrontar las cosas y así aprender de ello, pero también puede ser nuestro peor enemigo, cuando constantemente estamos imaginando los peores finales posibles para lo que estamos viviendo. Eso último se debe a creencias limitantes como; necesitamos entrenarnos siempre para lo peor, el mundo es peligroso, todos mienten, no somos capaces de conseguir lo que queremos, no tenemos la fuerza para defendernos, y un largo etc.



¿Entonces qué hago?

Para resolver un problema hay que identificarlo. El primer paso es encontrar cuál es el origen de esa constante sensación de peligro, y para lograrlo hay varias pistas: identificar la época en que empezó esa angustia y recordar que pasaba en nuestra vida en ese momento; o tomar nota de que estaba viviendo cada vez que me ocurrieron esos ataques de pánico o crisis de angustia.

Una vez identificadas las pistas, se puede encontrar la relación, para tomar consciencia de qué es lo que realmente estoy viviendo yo como “peligro”, porque al saberlo, puedo elegir que quiero hacer de ahora en adelante con esa situación, en plena consciencia.


Porque no se trata solamente de cambiar circunstancias o a otras personas, se trata de elegir como quiero actuar de ahora en adelante respecto a esas mismas circunstancias o personas, se trata de tomar el control de mis emociones y elegir lo que quiero hacer, en plena consciencia.

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Ansiedad / Angustia