Todos hemos pasado por momentos difíciles, episodios dolorosos en nuestras vidas, cuando falleció alguien querido, cuando terminó una relación, o incluso algo tan breve como una conversación, donde alguien nos dijo algo profundamente hiriente. Ante ese impacto emocional, tenemos una reacción automática, que puede ser llanto, rabia, o lo que fuere, pasamos por un momento, días o semanas de sentirnos mal, para luego retomar nuestra vida cotidiana, afirmando “ya lo superé”.

Nuestra mente maravillosa tiene complejos mecanismos protectores que nos permiten sobrevivir. Un evento difícil genera estrés psíquico, que cuando es muy intenso puede llegar a desequilibrarnos emocionalmente, sacarnos de cuadro y dejarnos sintiendo que se nos derrumbó el mundo, es entonces que entran en acción los mecanismos protectores.

Necesitamos reponernos, es importante que volvamos a nuestras actividades normales, y para eso debemos contener todo ese estrés psíquico, todas esas emociones, expresar solo lo que nos es posible en ese momento, y guardar todo lo demás. Porque es imposible expresar todo ahora, es demasiado, no lo tolero.

Entonces cuando pensamos que ya hemos superado algo, hay dos posibilidades:

1) Efectivamente hemos expresado en su momento lo que ese evento significó para nosotros.

2) Se han activado eficientemente nuestros mecanismos protectores, hemos expresando una parte de todo lo que significó para nosotros, pero  aún existe en nuestro baúl secreto mental, emociones contenidas respecto a lo que pasó, las que no me fue posible expresar en el momento, las que ni siquiera sé que sentí.

¿Cómo saberlo?

Siendo un poco lógicos, podremos deducir que un evento de gran magnitud, como la muerte de un ser querido, o una ruptura amorosa, no se va a superar con una semana de llanto, es un proceso mucho más largo y complejo. Entonces es importante considerar que si retomé mi vida tras unas semanas (o más aún tras unos días u horas), es muy posible que haya aún muchas emociones guardadas. Para ser honesta, en la mayoría de casos hay emociones guardadas.

Nuestro sistema límbico procesa las emociones a nivel inconsciente, es decir, es automático y no lo elegimos conscientemente. La reacción inmediata que algo nos produce es automática, incluso si luego podemos elegir que actitud tomar, la primera reacción, la más elemental es inconsciente. Es por eso que no nos damos cuenta que hay emociones guardadas hasta que las buscamos, se crearon inconscientemente en un segundo, cuando vivimos esa experiencia dolorosa, y nuestro mecanismo de protección las guardó de inmediato en el "baúl secreto" mental.

En este sistema de emociones, no existe el tiempo, no existe el pasado separado del presente o futuro, las emociones existen o no existen, nada más. Es por eso que nos emocionamos al ver esa foto de nuestra niñez, o escuchar esa canción que nos trasporta a una época y sentimos esa emoción tan vívida como cuando ocurrió. Es más fácil evidenciarlo con las cosas alegres porque esos archivos están accesibles, pero ocurre también con los eventos dolorosos, solo que nuestro mecanismo protector no nos permite acceder a ellos de manera consciente, justamente para protegernos. No les ha pasado que alguien les cae mal y no saben porque, o alguna canción o lugar les disgusta profundamente y no entienden bien porque, son las conexiones emocionales con esos eventos desagradables que no nos permitimos sentir.

¿Y qué pasa si tengo emociones guardadas?

Pues si tu vida va muy bien y no hay nada que te moleste, probablemente  el estrés psíquico guardado aún es tolerable para ti, por lo tanto no ves esto como importante. El problema ocurre, cuando pasados los años, más eventos difíciles se suman a nuestro “almacén” de emociones, si llegan a sobrepasar nuestro límite, ahí es donde podremos ver claramente sus efectos.


Tal vez se traduzca en un problema de comportamiento, como insomnio, ansiedad o nerviosismo.  Quizás en una actitud, como ser hiperactivo, no tolerar estar solo, el silencio, o episodios depresivos. Y en otros casos, se produce la conversión orgánica; enfermedades de origen funcional; gastritis, contracturas musculares, dolores de cabeza, desórdenes intestinales, etc. A veces se traduce en algo tan abstracto como: no soy quien solía ser, no me siento yo mismo.

Entonces ¿qué debo hacer?

Lo emocionalmente saludable es liberar esas emociones.

Solo nosotros podemos acceder a ese baúl secreto, no hay remedios mágicos, técnicas hipnóticas ni maestros eruditos que puedan librarnos de esas emociones por nosotros. Solo nosotros podemos elegir expresar hoy todo lo que está guardado ahí, para liberarlo, para liberarnos. El acompañamiento terapéutico es para brindarte las herramientas que te permitan lograrlo.

La verdadera pregunta es
¿Estás listo? .

Si estás listo para liberar esas emociones guardadas, entérate en que consiste una consulta privada:

Ya lo superé... ¿o no?