En múltiples artículos hemos analizado la necesidad de expresar las emociones, y como reprimirlas genera un estrés psíquico tan grande que se produce una conversión, se transforma en enfermedad, en malestar, en problema de comportamiento. En esta ocasión vamos a cuestionar si manejas adecuadamente esas emociones, y por lo tanto si estás tomando las riendas de tu vida, o si hace falta que replantees ciertos aspectos.

Salud Emocional:

¿Problemas encontrando el origen de tus conflictos internos?

Existen muchas formas de ayudarte a encontrarlo, averigua en qué consiste una consulta aquí:

 Joaquín tiene 3 años, son las 11pm, normalmente ya debería estar en cama, pero sus tíos y primos mayores están en casa y quiere quedarse despierto a jugar. Tiene en la mano un autito de carreras con el que recorre toda la sala, se le cae y va a parar bajo un aparador muy grande. Joaquín empieza a llorar desconsoladamente. Su primo mayor se apresura a alcanzarle otro auto, pero el nene sigue llorando “¡¡Yo quiero el azul!!”, un poco incómodo, el primo logra sacar el auto azul de su escondite y se lo entrega, pero él lo arroja lejos y sigue llorando. ¿Qué pasa? Le pregunta, “¡¡ese no es el que quiero!! ¡¡Quiero el de la tienda!!”. Ante la expresión del primo, que parece tener una incógnita gigante en la cabeza, la mamá sonríe y se lleva a Joaquín a la cama. Tras unos largos minutos de insistir en que no quiere dormir, se queda profundamente dormido. Finalmente la mamá aclara la situación a primo: “Se pone así cuando ya tiene sueño”.

¿Manejas tus emociones o tus emociones te manejan a ti?

Clásicos signos de emociones dominando tu vida:

Eres impulsivo:

Te dicen algo hiriente, y respondes con algo que sabes va a herir profundamente a la otra persona, tal vez porque quieres que sienta lo que tu sientes, aunque sabes que luego te arrepientas de haberlo dicho. Muchas veces actúas incluso sin entender por qué lo haces, es como una respuesta “automática”, te das cuenta cuando ya lo estás diciendo, o ya lo has dicho. La dificultad para manejar las emociones hace que la respuesta inmediata hacia ellas sea reactiva, sin meditarlo ni procesarlo, porque estamos rechazando el dolor (la emoción), no queremos sentirlo, entonces “lo alejamos” al reaccionar de forma impulsiva con ira (por ejemplo), sin contar con que ese dolor, esa emoción continúa ahí, solo que esta vez reprimida. Madurar emocionalmente implica aprender a manejar esas emociones para poder aceptarlas y expresarlas de una manera constructiva. No es que no puedas controlarte, es solo que no aún no sabes cómo.

Te encuentras en los mismos círculos viciosos:

Sabes que te hace daño, sabes que te hiere, pero por alguna extraña razón, no puedes dejar de hacerlo. Sea una conducta, estar en una relación conflictiva, o siempre interesarte por el mismo tipo de personas o situaciones. Llegando al punto de cuestionarte si realmente “mereces” todo lo que te pasa una y otra vez, de culparte por lo que haces sin saber bien porque. Mientras no descubres la raíz de ese comportamiento, el ciclo continuará, y pasarás tu vida encontrando ese mismo tipo de personas, el mismo tipo de relaciones y circunstancias. No eres débil, solo necesitar sanar un conflicto emocional interno, uno que probablemente creas que has superado, pero solo has escondido en lo más profundo de tu mente, y que solo sale a la luz cuando hay un desencadenante que te lo recuerda, que activa el mecanismo y nace un nuevo círculo vicioso.

Te da “la pensadera” (Over-thinking):

Escuché esto de un paciente hace años: “Si me mantengo ocupado, haciendo muchas cosas, no me da la pensadera. Una vez que empieza ya no se puede apagar, pienso en todo lo que hice mal, en porque lo hice, lo repito mil veces en mi mente, pienso en todo lo que debería haber hecho, y en todo lo que tengo que lograr, me asusta que no vaya a lograrlo y ahí empieza la angustia…”. Es una palabra que describe precisamente el proceso de "sobre-pensar" las cosas.

Cuantas veces nos encontramos “re-pensando”una situación una y mil veces, analizando detalladamente que salió mal, qué podríamos haber hecho diferente para cambiar el resultado; o más bien nos encontramos concentrados en todo lo que queremos lograr, angustiándonos por las posibles consecuencias de lo que hacemos a diario. Nos resulta muy difícil vivir en el presente, nos enfocamos tanto en el pasado o en el futuro que no solo nos previenen de disfrutar el momento, sino que lo utilizamos como recurso para no enfrentar nuestro presente, para escapar la responsabilidad de nuestra vida. Es más “sencillo” angustiarse por el pasado o el futuro porque "no podemos hacer nada al respecto", más complicado es enfocarse en los conflictos emocionales del presente, sobre los que si tenemos poder de acción, porque nos asusta que dependa de nosotros. Lo que debemos darnos cuenta de que esa angustia sobre el pasado o el futuro, está en el presente y podemos actuar sobre ella. Tener miedo no significa que no tengamos el valor de hacerlo, es solo que no hemos descubierto aún el camino.

Todo "te pasa a ti”:

La forma más fácil de identificar que no tienes control sobre tus emociones es precisamente no asumir la responsabilidad. Este signo se evidencia cuando estás siempre buscando un culpable para explicar lo que te ocurre, sea tu jefe, tu colega, tu pareja, tu padre, tu madre, o el destino cruel, o la vida que se ha empeñado en arrebatarte de todo y causarte sufrimiento. Aunque la historia que nos contemos sea muy dramática, la verdad es que estamos escapando a nuestra propia responsabilidad, al control de nuestras emociones, porque al atribuir la responsabilidad de lo que pasa a alguien/algo más, significa que nosotros no tenemos ninguna responsabilidad sobre ello, y nos queda solo dejarnos llevar por las emociones que nos embargan consecuentes a lo que pase. Una vez más, no se trata de que nos guste el papel de “victima”, es solo un mecanismo protector, no sabemos cómo manejar nuestras emociones, y dejamos que ellas tomen el control, estamos huyendo, aún no nos convencimos de que tenemos ese poder de elección, esa capacidad de controlar nuestras emociones.

Dejar que las emociones te dominen puede ilustrarse aún mejor en este ejemplo:

                        










La reacción de un niño pequeño al no poder manejar sus emociones (aún no tiene esa capacidad), es llorar, cada vez que siente frustración, hambre, sueño, se genera una emoción intensa que él no entiende muy bien y aunque uno intente explicarles lo que pasa o consolarlos, el llanto solo pasará cuando se solucione el conflicto, el problema es que en la mayoría de casos, ellos mismos no saben cuál es el problema real. Es exactamente así como reaccionamos a veces ante una emoción, y creemos haberla expresado, pero la verdad es que solo nos hemos dejado llevar por ella y hemos “reaccionado” ante la situación, aun desconociendo la verdadera emoción que se encuentra detrás.

Encontrar el origen de nuestros problemas es la parte más compleja, porque generalmente no es lo que crees que es, porque solemos esconder nuestras emociones más profundas en el baúl más oculto de nuestro subconsciente, y nos da la impresión incluso de haberlo olvidado, pero la prueba de que sigue ahí con todas esas evidencias de las que hemos hablado, esas y muchas más que no nos permiten vivir hoy a plenitud.

No existen emociones buenas y emociones malas, tener una amplia gama de emociones placenteras o desagradables es lo que compone la vida, lo que nos hace humanos, y nos da el contraste para poder diferenciarlas.

(Ver la película “Intensa-mente” / “Inside out”).

La clave entonces, es traer a nuestra mente consciente esa emoción muy bien escondida en el subconsciente, porque solo identificando esos recuerdos podemos trabajar en ellos para darles una liberación y cierre apropiados, cuando podamos sanar esos aspectos descubriremos que manejar las emociones es posible, lograremos convencernos que tenemos el control sobre ellas. Esa habilidad se va enriqueciendo, nuestra capacidad para reconocer las emociones va mejorando y así elegiremos cómo reaccionar, la palabra clave es esa, ELEGIR.


Considerando que es nuestra propia vida, nuestra propia emoción, lo justo es tener elección sobre cómo vivirla, ¿verdad?

Retomar el control de tu propia vida depende de ti. ¿Estás listo?