Sé que no existe amor más grande y puro que el que uno siente por sus hijos, que no existe nada en el mundo que pueda igualar ese sentimiento, y que nadie cambiaría esa experiencia no importa qué esté dejando atrás. Creo completamente cada frase que he oído decir a los padres que he conocido en toda mi vida, les creo cuando dicen que dejarían de comer por darles algo a sus hijos, que morirían por ellos, que no les importa nada más en el mundo y que no existe nada más importante, ni vuestras propias vidas.  Queremos para los hijos todo lo mejor y nada menos que lo mejor, que sean grandes personas de éxito, que sean inmensamente felices, alcancen sus sueños y cumplan sus metas, sean personas de bien y nos llenemos de orgullo.


No creo que exista un padre o una madre en la faz de la tierra que no desee lo mejor para sus hijos, independiente de si lo logre o no, es el más profundo deseo que sean felices y lleguen lejos, y con ese objetivo es que los padres dan todo por sus hijos. Es de todos los días ver como basados en ese inmenso amor a ellos, padres renuncian a muchísimas cosas, sacrifican lo que sea necesario sin ningún reparo ni arrepentimiento, lo hacen con el único objetivo de darles lo mejor, aún a costa de sus propios planes o sueños. Suena perfectamente lógico y correcto para un padre o madre el sacrificarlo todo por darles lo mejor a sus hijos, pero desde el fondo de mi corazón, como hija, como persona, como terapeuta, quiero pedirles: No lo hagan.

Los hijos aprenden única y exclusivamente por el ejemplo, no importa cuántos maravillosos consejos e historias de éxito les contemos a nuestros hijos, ellos van a aprender a ser y comportarse como nos vieron ser y comportarnos siempre.  Solo podemos educar niños felices si somos felices nosotros, solo podemos formar personas de éxito si hemos buscado el éxito nosotros también, solo lograremos que tengan lo mejor del mundo si hemos sido lo suficientemente valientes de lograr lo mejor para nosotros mismos también.

Buscar el éxito no es trabajar 80 horas a la semana ni ser el gerente general de la empresa más grande, no se mide en diplomas, cantidad de dinero, propiedades ni reconocimientos formales. Ser exitoso es hacer lo que a uno le apasiona, buscar nuevos retos y amar nuestro trabajo, significa tener tiempo para uno mismo, para la familia y para el desarrollo profesional. Ser exitoso tiene características muy distintas para cada persona pero un mismo resultado: felicidad, satisfacción y bienestar. Si estás en un trabajo que odias por ganar dinero para vivir, si abandonaste tus sueños por ser "realista" y te conformaste, si no eres feliz ni te sientes satisfecho, no importa cuanto amor y mensajes les des a tus hijos, ellos no tendrán de donde incorporar lo que se siente perseguir sus sueños, tener éxito y ser felices.

El mejor regalo para los hijos es el ejemplo. Ser una persona feliz, de éxito, es lo único que logrará que ellos busquen lo mismo. 

Mirando a tu vida hoy ¿Eres ese ejemplo de persona feliz y exitosa para tus hijos? 

No sacrificarse por ellos.

El mejor regalo para los hijos: