El origen biológico del estrés                                  ¡Me duele todo!



Mi premisa: el estrés al volverse un estado vivencial constante, genera enfermedad.


Como cualquier máquina, el cuerpo humano empieza a fallar si se sobrecarga. Analicemos entonces como se genera ese estado de estrés, entendido bajo el concepto de sobrecarga energética. 


Respecto al origen del estrés, les pido que recuerden primero lo “normal”, el equilibrio (homeostasis), en aquellas épocas donde todo era simple; la niñez, donde no existía el estrés*: Ante un vendedor tocando la puerta, mamá prefiere hacer de cuenta que no está en casa, y así evitar dar explicaciones de por qué no quiere la maravillosa enciclopedia ilustrada en 4 tomos que ofrecen, entonces manda a su hijito(a) a decir que "no hay nadie". Sale el niño(a) gritando: “Dice mi mamá que no hay nadie”.


Los niños siempre dicen la verdad**, y no es solo porque les tengan prohibido mentir, es simplemente porque tienen una mente inocente, esto significa que no juzgan la situación como para disfrazarla con mentiras, por lo tanto no hay razón para decirlas. Las cosas son de determinada manera y punto. Hay solo una realidad, no existen apreciaciones distorsionadas, porque cuando un niño es pequeño, tiene un pensamiento concreto, y eso hace que vivan en el presente, que sea todo simple. Si mamá dice: "Dile que no hay nadie", efectivamente irá a decir "Dice mi mamá que no hay nadie". Si le decimos a un niño que los cerdos vuelan, ¡ellos van a esperar verlos volar! Van a confiar en los adultos como referentes siempre. Es esa inocencia que le hace actuar acorde a lo que piensa y siente, si está triste, llora; si está feliz, sonríe; sin mayor complicación. Si obligamos a un niño a hacer algo que no quiere, o que atenta contra esa inocencia y coherencia sencilla que tienen, vamos a ser victimas de un cuestionario interminable o un berrinche asegurado. En esa forma de procesar las situaciones no hay estrés*, porque el niño está expresando su sentir.


Nuestro cerebro es maravilloso, ha evolucionado muy por encima que el de los animales. En este aspecto, la corteza, que es el cerebro racional y consciente, puede por ejemplo crear grandes obras de arte o elaborar complejos programas de computación, por dar dos ejemplos de entre los infinitos que se podrían dar. Pero sin importar lo evolucionados que seamos en el ranking de seres vivos, nuestro cerebro tiene un lado  primitivo que nos permite sobrevivir, es nuestro sentido biológico, lo que podríamos corresponder al instinto en los animales. Esta parte primitiva del cerebro nos permite respirar espontáneamente, tener fuerzas para correr al máximo ante un peligro, etc. Es la que controla el sistema nervioso autónomo y se encarga de que el cuerpo funcione sin que tengamos que conscientemente elegirlo. Nos permite sobrevivir.


Este cerebro arcaico inconsciente, no clasifica las situaciones como buenas o malas, no entiende de juicios ni de mentiras. Es como un niño, inocente. Sin esta parte del cerebro, la parte desarrollada de la corteza no podría funcionar. Es la que activa el estrés para salvar nuestra vida, es decir, para escapar del peligro, para levantar grandes pesos y liberarnos de bajo una pared luego de un sismo, etc. Si se produce solo en ese momento y luego pasa, no genera daños al organismo, muy por el contrario, ¡nos salvó la vida!, pero si permanece, ocasiona daños orgánicos.


Al crecer, adquirimos un pensamiento abstracto, aprendemos a deducir consecuencias y aprendemos que es “bueno” o “malo”, dependiendo del medio en el que vivimos, hasta ser adulto. Empezamos a pensar en el futuro, en obligaciones impuestas, en convenciones sociales a seguir y en desarrollarnos como persona en los distintos ámbitos. Esta etapa coincide con la aparición del estrés. En nuestra vida diaria tomamos muchas decisiones dando por hecho las razones por las que lo hacemos: ir al trabajo, cocinar, comer, caminar, conducir el auto, reírnos de la no muy graciosa broma del jefe y un largo etc, muchas veces en contra de lo que realmente querríamos hacer (Voy a la oficina a trabajar en un empleo que detesto porque necesito ganar dinero para vivir). ¿Qué pasa en nuestra mente inconsciente mientras la parte consciente decide estas cosas? Pues no se explica cómo es posible que mientras pienso y siento algo determinado (odio mi trabajo), ¡haga algo totalmente diferente! (voy a trabajar a diario). Siendo como un niño, desconoce el “tengo que” o “es lo correcto”, para el inconsciente estoy haciendo algo que va en contra de lo que quiero, y este viene a ser el factor creador de estrés primario. ¿Cómo ha de sorprendernos entonces que enfermemos? Nuestro cuerpo solo está expresando la incoherencia que nuestra mente evidencia. El estrés, dolores de cabeza, contracturas musculares, desarreglos estomacales y demás molestias, son solo nuestro cuerpo reaccionando ante algo con lo que este cerebro inconsciente primario no está de acuerdo.


Otro tema importante, nuestro cerebro inconsciente no distingue entre real e imaginario. Una forma muy fácil de probarlo es revivir mentalmente una situación agradable con lujo de detalles, seguramente sentiremos esa misma emoción vivida en aquel momento. O más fácil aun, con los ojos cerrados imaginemos detalladamente nuestro plato de comida favorito frente a nosotros… con seguridad empezamos a insalivar y si nos concentramos más, hasta sentiremos olores o sabores. Y es que para la mente todo lo que proyectemos es real. Entonces, si tenemos las preocupaciones por el futuro, que nos dan mil vueltas en la cabeza; dinero, trabajo, familia y demás obligaciones de la vida de adulto, biológicamente estas inquietudes generan la misma reacción de estrés en el cerebro arcaico que el disparado por un peligro real, es decir cambios fisiológicos (estado de alerta: acelera el corazón, aumenta la secreción de ácidos gástricos, etc.), que de mantenerse por tiempo indefinido, generarán enfermedad.


Entonces, ¿Cómo no vamos a estar viviendo en estrés, si lo que proyectamos todo el tiempo en nuestra mente, son los cien probables escenarios de nuestro futuro? Es decir, nuestro cerebro esta “viviendo” cien veces todas esas circunstancias de potencial peligro. Esto genera un estado permanente de estrés.


Este vivir en incoherencia y permanentemente preocupándonos por el futuro nos lleva a enfermar, desde el hoy archiconocido estrés, hasta patologías médicas cada vez más frecuentes, como gastritis, migraña, dolores musculo-esqueléticos, entre otras enfermedades funcionales.


Considero que vivir en estrés no depende de qué tipo de trabajo tengas o a cuántos hobbies les dediques tiempo, sino a que tanto dejas de vivir el presente por pensar en el futuro y cuan coherente eres en tu vida con esa parte de ti, que en esencia sigue siendo un niño.

 


                                                                                                  







** Cabe la posibilidad que los niños ya procesen este tipo de información desde más jóvenes, pero hablo en general.

* El estrés en niños es problemática familiar, nunca personal.


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