Perfecto imperfecto

Desde chicos aprendemos que algo existe solo si los demás pueden verlo.

Todo empieza cuando escuchamos a nuestros padres comentar con otros padres o familiares, lo inteligente que eres porque puedes contar hasta 20 siendo tan chiquito, y te sientes bien porque todos te repiten lo inteligente que eres, entonces entiendes la primera lección, lo que hago se valida por los demás. Y es así que empiezas a querer reconocimiento por todo lo que haces, y los 5 años, empiezas con: “Mamá! Mira, mamá! Mira lo que encontré, mamá! MAMÁ!” Y tu mamá deja de conversar con otros adultos para voltear y mirar la piedra que encontraste que te parece perfectamente redonda… y te dice “que lindo, hijito” mirando sin mirar porque es la 345 vez que le muestras una piedra ese día.

Vamos aprendiendo lo lindo del reconocimiento que nos dan, de la validación a través de los otros, y del mismo modo el rechazo si hacemos algo que no encaja, porque cuando pateaste el balón en el recreo te caíste y todos se rieron, y tu mamá te dijo: “No importa hijito, la próxima lo harás mejor”, entonces entiendes lo que se espera de ti, que siempre seas mejor, y asumes que cometer errores está mal, ocasiona risas, burlas y definitivamente no quieres que pase otra vez porque quieres ser “mejor”. Nadie te explica realmente que son los errores los que te llevan a ser el mejor, los que te dan la experiencia.

En la adolescencia, todo empeora, porque buscamos desesperadamente encajar, ser parte de un grupo. Hay una banda nueva y tú no los oiste aun, pero dices que si, y que te encantan! Por no “quedar mal”. No opinamos en clase por miedo a que la respuesta esté equivocada, etc. Nos perdemos de maravillosas oportunidades por miedo a intentarlo, porque debes ser el mejor e intentar algo nuevo supone el riesgo considerable de fallar y eso es imperdonable.

Tanto así queda grabado en nuestra mente que cometer un error da vergüenza, que solemos negar o disimular errores mínimos hasta hoy, si tropezamos con un desnivel en la vereda, hacemos de cuenta que empezamos a trotar un poco para disimular o fingimos una torcedura para la gente no se burle. (Todos lo hemos hecho alguna vez)

¿Por qué nuestro empeño en querer pretender que no cometemos errores? Nadie es perfecto, nos repetimos, pero cuando hay evidencia de que no lo somos, tratamos de ocultarla. Tenemos muy claro que éxito está relacionado a ser el mejor en algo, y no nos atrevemos a intentar cosas en las que podríamos no ser los mejores, por no “fallar”.

Definimos nuestro valor a través de los demás, de su opinión depende que hago o que digo y finalmente quien soy. Me dedico a mostrar (con las redes sociales es más evidente) todo lo que tengo que es aparentemente perfecto.

¿Qué pasaría si simplemente me permito ser imperfecto? ¿Qué pasaría si dejo de ocultar mis errores? ¿Si dejo que me vean de verdad? Si en lugar de decir lo que se supone esperan que diga, digo lo que realmente pienso y siento? ¿Qué pasa si me permito hacer algo, sin la presión de ser el mejor? Talvez nos sorprenderíamos al darnos cuenta que:

Somos perfectamente imperfectos y aceptarlo es la única forma de ser feliz.