Es momento de hablar de nosotros.

Existen principalmente dos tipos de actitud como hijos, están los que solo tienen cosas buenas que decir de sus padres y los que solo dicen cosas negativas. En el 95% de casos ambos están tapándose los ojos. Unos justificando a toda costa las acciones de sus padres y otros culpándolos por todos sus errores.

Cuando somos niños, nuestros padres son nuestros superhéroes, son los mejores del mundo, son lo que más queremos en la vida…hasta que crecemos. No me refiero a que no sean buenos padres, por el contrario, se trata de que al crecer, podemos aceptar que como seres humanos, están llenos de virtudes y defectos, no existen seres humanos perfectos, ellos tomaron las decisiones que consideraron correctas en determinado momento con el conocimiento y experiencia que tenían. Jamás eligieron voluntariamente equivocarse, ni generarnos algún dolor, pero inevitablemente hay episodios que nos generan tristeza, rabia, etc. Es un error negar esos episodios, o pretender olvidarlos por completo, también son parte de nuestro pasado y nos han convertido en quienes somos. Si nos generaron momentos de dolor o angustia, tal vez fue por no saber lo suficiente, pero seamos honestos, quien podría culpar a alguien de no saber lo suficiente en un rol que exige moldear la vida de otro ser humano, del más indefenso de todos, de un niño.

Es natural amar a nuestros padres, nos han criado, cuidado y amado, siempre estaremos agradecidos (incluso en los casos de padres totalmente ausentes como mínimo nos han dado la vida). "Por ellos somos quienes somos, para bien o para mal, pero no es por sus acciones que somos como somos, sino por como nosotros reaccionamos y percibimos esas acciones, he ahí la sutil pero magnífica diferencia.

Hoy como adultos, ¿es lógico querer culpar a nuestros padres de lo que está mal en nuestras vidas? ¿Esto tiene sentido? Porque no importa lo difícil que haya sido nuestra infancia, niñez y adolescencia, esos hechos no cambiarán, es nuestra decisión elegir como nos sentimos en relación a esos hechos. No se trata de apuntar a culpables, sino de entender la causa de nuestra forma de ser hoy, para poder trabajar en eso.

Nuestra mente busca justificar las acciones de las personas, principalmente de nuestros padres, nos dejaron viviendo con la abuela en otra ciudad para tener una mejor educación, eran duros y exigentes porque nos estaban preparando para la vida, porque querían que seamos fuertes. Sin duda esas explicaciones son totalmente lógicas y fundamentadas, pero la versión nuestra de 10 años, mirando por la ventana de la casa de la abuela mientras ellos se alejan, no podrá entender esas explicaciones mientras tiene el corazón roto, mientras siente que lo abandonan y se queda solo, vacio, no amado.

Nos han enseñado que esta mal decir frases como: “Mis papás me dieron amor pero yo hubiera querido más”, “Aunque mis padres estaban en casa, me sentía abandonada”. ¡No podemos ser tan malagradecidos! Bueno, el decir algo así en ningún momento implica que no los amemos o no estemos agradecidos infinitamente, solo dice que emocionalmente, en la niñez, nos hicieron falta determinadas acciones por parte de ellos. Claro que si le decimos a una madre: “Tengo recuerdos tristes de la niñez”. Probablemente vaya a romperle el corazón, porque por supuesto que ella se sentiría culpable y no hay nada que puedan hacer ni la madre ni el hijo para retroceder el tiempo y cambiar como ocurrieron los hechos, pero si pueden cambiar como se sienten respecto ellos.

Este trabajo es estrictamente personal, no porque uno quiera superar un recuerdo significa que el otro personaje quiera.¿Entonces de que sirve hablar de esto? Nos sirve a cada uno para liberar todas esas emociones por tanto tiempo reprimidas. Se trata de aceptar que no me quisieron como yo quería que me quieran y nunca lo harán. Aceptar que siempre buscamos el reconocimiento nuestros padres y si no lo obtuvimos en la niñez, no importa cuanto nos lo demuestren ahora, el niño interior necesitaba ese reconocimiento, y no lo obtendrá jamás. Así de sencillo. Solo aceptando todas nuestras verdades podemos superarlas.

Se trata de preguntarnos si vale la pena, si es necesario, hoy, para nuestro ser adulto, seguir buscando el amor o la aprobación o el reconocimiento que no obtuvimos en la niñez o adolescencia. Aceptar que esa infancia, niñez o adolescencia fue difícil, que nos dolió. Podremos decir mil veces que lo hemos superado, pero mientras sigamos teniendo una mala, difícil o forzada relación con nuestros padres, mientras tengamos problemas emocionales en nuestra vida actual estaremos mil veces mintiendo, seguimos culpándolos o justificándolos para protegernos porque no queremos lidiar con las emociones que están en lo profundo de nuestra mente. Significa que no hemos superado esos eventos ocurridos hace tantos años.

Es muy importante aceptarnos como somos, y eso incluye aceptar nuestras más grandes verdades y miedos, esos que surgieron de las emociones ocultas, no expresadas en esa infancia, niñez o adolescencia complicadas. ¿Qué pasa cuando no podemos recordarlas? Es un mecanismo de defensa porque son emociones que tenemos miedo de enfrentar. Los recuerdos están ahí, en una “carpeta oculta” en la memoria de nuestro computador mental, y es en esos casos que la terapia psíquica logra ayudarnos mucho, accediendo al inconsciente para encontrar respuestas, solo hace falta querer descubrirlas.


Si quieres empezar tu camino al inconsciente para encontrar respuestas, consulta sobre nuestros talleres grupales o consultas privadas:

Basta de justificar/culpar a nuestros padres.